La Esclerosis Múltiple es una enfermedad crónica y autoinmune. El sistema inmunitario comienza a funcionar mal y ataca al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), lo que produce lesiones neurológicas para siempre.
Una de las particularidades de esta patología es que afecta a personas jóvenes, entre 20 y 40 años, convirtiéndose en la principal causa de discapacidad no traumática más común en esta edad, según señalan los expertos en neurología.
Además, son las mujeres las más propicias a contenerla porque la esclerosis múltiple es entre 2 y 3 veces más frecuente en ellas.
Tipos de esclerosis múltiple
En el 90% de los casos la esclerosis múltiple produce episodios de disfunción neurológica llamados brotes. Pueden durar desde días a semanas, y algunas veces remiten totalmente, pero en otras ocasiones su desaparición es sólo parcial.
La esclerosis múltiple tiene diferentes formas de manifestarse:
- «Aquellos pacientes que tienen un brote, un ataque, una crisis aguda, y luego se recuperan, bien parcial o bien totalmente. Después pasan tiempo sin síntomas hasta que se vuelve a desatar otra crisis, y así sucesivamente”.
- El otro grupo son las formas progresivas, entre las que se distinguen dos, la esclerosis múltiple primaria progresiva, aquella en la que desde el inicio de la enfermedad no hay brotes, sino que el paciente empeora progresivamente.
- La otra forma son las secundarias progresivas, que son la evolución de las formas en brotes, es decir, con el tiempo tienden a disminuir el número de brotes hasta que desaparecen, pero comienza a haber un empeoramiento progresivo.
Además, en torno a un 10% de los afectados padece formas primariamente progresivas, en las que el deterioro neurológico va aumentando desde el comienzo de la enfermedad sin que el paciente sufra brotes.
Son precisamente estos pacientes con formas progresivas los que más limitados tienen los tratamientos disponibles y la efectividad de los mismos, aunque recientemente se han aprobado varias opciones terapéuticas que parecen aportar algunos discretos beneficios en la evolución propia de las formas primariamente progresivas y en las secundarias progresivas.
- «Por esa razón es tan importante la detección precoz ya que la utilización temprana y adecuada de los recursos terapéuticos disponibles es un factor esencial para mejorar el pronóstico de los pacientes. Actualmente en España hay una demora en el diagnóstico de uno a dos años, por lo que aún hay margen de mejora», señala Llaneza.
Síntomas
Como consecuencia de este deterioro neurológico, los pacientes pueden desarrollar numerosos síntomas dependiendo de la zona del sistema nervioso central que se haya visto afectada.
Los primeros síntomas más comunes son:
- Debilidad muscular.
- Visión borrosa.
- Visión doble.
- Inestabilidad y dificultad para mantener el equilibrio.
- Vértigo.
- Hormigueos en extremidades.
Cuando la enfermedad ya ha avanzado van apareciendo nuevos síntomas, los más habituales son:
- Rigidez muscular.
- Espasmos musculares y calambres.
- Fatiga, síntoma muy común entre estos pacientes y que ocasiona muy importantes mermas en su calidad de vida.
- Trastornos en los esfínteres urinarios y fecales.
Además, aproximadamente el 50% de los pacientes con esclerosis múltiple desarrollan deterioro cognitivo en forma de alteración de la memoria, de la capacidad de atención y de procesamiento de la información, lo que repercute de manera directa en su ámbito profesional.
Estos pacientes, además, tienen más riesgo de desarrollar comorbilidades psiquiátricas, u otras enfermedades como ictus o epilepsia, que pueden incrementar la tasa de brotes y aumentar la discapacidad que desarrollan.
Todas estas complicaciones hacen que más de un 25% de los pacientes de esclerosis múltiple tengan que ingresar anualmente en el hospital por algunos de estos motivos.


